Aerotermia: precio, consumo y cuándo compensa

Cambiar la caldera por una bomba de calor es la decisión de reforma más cara y menos reversible que va a tomar la mayoría de propietarios en la próxima década. Aquí no vas a encontrar un folleto: vas a encontrar cuánto cuesta de verdad, cuánto consume medido, en qué casos no compensa y qué preguntar antes de firmar un presupuesto.

Qué es la aerotermia, en una frase

Una bomba de calor que extrae energía del aire exterior y la lleva al interior de la vivienda, tanto para calefacción como para agua caliente sanitaria y, en muchos equipos, refrigeración en verano. No genera calor quemando nada: lo transporta. Por eso la comparación honesta no es «consume mucho o poco», sino cuántos kilovatios térmicos entrega por cada kilovatio eléctrico que gasta. Ese número se llama COP, y su versión estacional, el SCOP, es la única cifra que sirve para comparar equipos entre sí.

Las cuatro preguntas con las que llega casi todo el mundo

Después de leer decenas de presupuestos y de conversaciones con instaladores, las dudas se repiten siempre en el mismo orden. Esta categoría está organizada exactamente así:

  • ¿Cuánto me va a costar? El desglose real por partidas —equipo, depósito, hidrokit, obra, puesta en marcha, legalización— en precio de instalar aerotermia. Un presupuesto que no separa esas partidas no se puede comparar con otro.
  • ¿Cuánto voy a gastar al mes? Consumos reales por tipo de vivienda y zona climática en cuánto consume la aerotermia, no las cifras de catálogo medidas en laboratorio a 7 °C.
  • ¿Me compensa frente a lo que tengo? La comparación a diez años, con mantenimiento e inversión inicial incluidos, en aerotermia frente a caldera de gas.
  • ¿Funciona en mi caso concreto? Piso sin terraza, radiadores existentes, zona fría, vivienda sin aislar. Son los cuatro escenarios donde la respuesta genérica falla.

Cuándo la aerotermia es una buena idea

Sale bien cuando se dan tres condiciones a la vez: una envolvente razonablemente aislada, un sistema de emisión que trabaje a baja temperatura —suelo radiante o fancoils— y un consumo de calefacción alto, que es lo que amortiza la inversión. Vivienda unifamiliar en zona D o E, con suelo radiante y calefacción actual de gasóleo o gas propano: ese es el caso en el que los números salen solos.

Cuándo conviene pensárselo dos veces

Y sale mal, o al menos regular, en escenarios que casi ningún comercial menciona. Una vivienda sin aislar en la que la bomba de calor tendrá que compensar pérdidas enormes con un equipo sobredimensionado. Un piso pequeño en zona A o B, donde el consumo anual de calefacción es tan bajo que la inversión no se recupera en la vida útil del equipo. O una instalación con radiadores tradicionales de hierro trabajando a 70 °C, donde el rendimiento cae hasta acercarse peligrosamente al de una caldera de condensación.

En esos casos hay alternativas mejores: aislar primero, cambiar solo el agua caliente sanitaria, o quedarse con la caldera unos años más. Decirlo es parte del trabajo.

Antes de pedir presupuestos

Dos cosas que te ahorrarán dinero y disgustos. La primera: haz un predimensionado de la potencia antes de que venga nadie a casa, para llegar a la conversación sabiendo si te están ofreciendo 8 o 16 kW y por qué. La segunda: exige el cálculo de cargas térmicas según la norma UNE-EN 12831. Un instalador que dimensiona por metros cuadrados y a ojo es la causa número uno de equipos sobredimensionados que arrancan y paran todo el invierno, consumen de más y se estropean antes.

Y las ayudas

La sustitución de calderas fósiles por bombas de calor tiene apoyo público en prácticamente todas las comunidades autónomas, con importes y plazos que cambian cada año. En ayudas y subvenciones mantenemos actualizado qué hay vigente en cada territorio, con la fecha de la última revisión visible. Ojo al orden: en la mayoría de convocatorias hay que solicitar la ayuda antes de ejecutar la obra.